HOY COCINO YO

La idea, por un lado, y la realidad, por otra.

Bueno, en este caso tiene su explicación. En realidad al principio quedaron bien, perfectos. Pero luego los dejé mes y medio en la terraza a pleno sol. Pero siguen igual de ricos y de azules.

¿Y la tarta King Kong? Al mono de la tarta se le caen los mocos, pero al niño del cumpleaños se le van a caer dos lagrimones como dos sacos de patatas. Por lo que se ve, el cocinero no tiene muy buena mano al poner  la  crema bien lisa sobre el bizcocho. Por lo demás, ninguna pega.

Lo de los pollos es también muy fuerte. Parece que han ido a celebrar una despedida de soltero y vienen con una cogorza del 15. Nada más hay que mirarles las caras. Hay uno que parece que está a punto de vomitar de la cantidad de gin tonic que lleva en lo alto. Golfos.

Lo de los papá Noel de fresa sí tiene su explicación. Como viven en el Polo Norte, les ha debido de pasar una avalancha (+ un ciclón + un maremoto + una tormenta tropical) de nieve por todo lo alto. O sea, que esto es por la meteorología. Lo siento más que nada por el que ha perdido la cabeza. ¡Qué le vamos a hacer!

Lo del árbol ya tiene menos explicación. Porque es que ni aunque reventara la falla de San Andrés se comprende semejante despropósito. Ni el terremoto que hundió la Atlantida hace tanto daño. Y, como me gustan los retos, en vez de una estrella pongo en lo alto un pedazo de naranja bien gorda. Misterio.

El primo zombie de Bugs Bunny. Sin más comentarios. Bueno, sí. Las orejas ¿las ha puesto de calabacines? ¿No era melón? Y, ¿tan difícil era poner la nariz derecha, por Dios? Es que ni eso.

La chocoplasta del día. Llega un momento en que el chocolate comienza a enfriarse y ya no hay quien lo ponga. Ya mejor hago la tarta-pantano o la tarta-ciénaga y quedo como un rey. Yo lo hubiera adornado con un muñeco ahogándose en el barro.

Aquí tampoco hubo problemas. La solución es: 1) el erizo pasó por la peluquería, 2) se me acabaron los palitos de chocolate y no tenía ganas de bajar al supermercado, 3) se me acabaron los palitos de chocolate y era domingo y estaba todo cerrado.

Me encargan una tarta de Frozen. ¿Qué hago? Pues lo que me da la reverenda gana.

El rollo de carne tiene más gracia cuando está todo rebujado y liado de tal modo que no sabes lo que te estás comiendo. Di que sí. Tú clavas suavemente el cuchillo para cortar una rodajita y de pronto todo se desparrama ante ti. No veo el problema.

Otro que le da el sofocón al niño en el cumpleaños. La tarta por lo que se ve la tiraron desde el 5º piso, la recogieron y la intentaron arreglar deprisa y corriendo como pudieron. Demasiado bien ha quedado después de todo. Mejor que le digan al niño que es… bueno, no se me ocurre nada. Mejor que no le digan nada y se la coman como puedan. Lo amarillo parece delicioso.

Los angry birds ¿eran esos pajaros que vuelan dando pelotazos? Pues al de la derecha le han dado pero bien dado en el careto. Le han dejado la cara hecha un cromo. Felicidades al tirador, que ha acertado pero de verdad. Ha sido un detalle muy creativo hincar el palo de la piruleta por arriba en vez de por abajo. La verdad es que eso le da su punto.

Esto tampoco tiene misterio. Es el bizcocho “erupción del Krakatoa”. Intenta imitar la lava del volcán en erupción resbalando por las laderas de la montaña. Super bien hecha. Auténtica como pocas. La receta viene de cuando Pompeya.

Para empezar, no sé ni siquiera de qué están hechos estos pollos. ¿Copos de avena? ¿escamas de chocolate blanco?  Y, el sudor blanco ¿o es pus? De ahí, para adelante. Monísimos los detalles de las espigas y demás. Y en la canastita, otro huevo esperando dar vida a otro pollo de la galaxia del terror.

Y para rematar la faena, un fotograma de la película “Micifuz, el gato del infierno”. Basado en un relato de Stephen King, el gato de Piolín se reencarna en pizza y no se sabe si es más peligrosa su mirada o la cola, que es como un cuchillo para cortar queso de bola de los gordos. Si el niño se puso pesado pidiendo pizza, es una idea genial para que se le quiten las ganas de por vida. Ese no pide más pizza hasta que en la terapia de grupo se le quite el trauma.

Que quede clara mi admiración por todos aquellos que se saben manejar en la cocina. Estos ejemplos no son tan infrecuentes. ¡Que me lo digan a mí!

La cocina es un ARTE.

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