LA FANTASIA DEL NIÑO HECHA REALIDAD

¡Que idea más bonita cuando la vi! Transformar en muñeco algún dibujo de niño.

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Me enseñaron las fotos de una empresa que se dedicaba precisamente a eso, a convertir en realidad el dibujo de tu hijo, tu nieto, tu sobrino, en un muñeco que podía tocarse y que el niño podía acariciar. Una idea muy original y bonita.

Así que ya eso se me quedó en la mente y ahí estuvo hasta que llegó el momento adecuado. Me dije ¿por qué no? Esto era precisamente cuando estaba aprendiendo los principios básicos de la costura. Y de ahí no pasé. Pero fue suficiente como para que la idea que tenía guardada viera la luz.

Cogí un dibujo de mi sobrina, Sara. Esto fue la tarea más difícil, porque sus dibujos de niña estaban entre el abstracto y el imposible. Los de mayor ya no los quiero ni imaginar. Si en el cole supieran la de mapas que yo he dibujado… Pero encontré uno que había guardado porque era un regalo suyo. Lo tenía recortado y plastificado.

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Me dije: ‘Este es’. Así que me puse manos a la obra. Lo primero, le hice una foto al dibujo y lo pasé al ordenador. De ahí lo copie en un folio: sí, puse un folio en la pantalla y me puse a calcarlo. No recuerdo por qué no lo escaneé o por qué no lo imprimí. El caso es que lo hice así. De todas las formas posibles, la más rebuscada y complicada. Las cosas mías.

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Una vez un poco más grande en el folio, tenía que pasarlo al tamaño que yo quería. Para eso, cuadriculé el dibujo y luego hice una cuadrícula más grande y lo pasé. Siempre me gustó la técnica del cuadriculado.

Ya lo tenía del tamaño deseado. Tocaba el turno de dibujar las piezas en fieltro. Con mucho cuidado calqué las distintas piezas en los trozos de fieltro de colores.

Siguiente paso: empezar a unir las piezas. En principio, no parecían tan complicadas pero para mí, con nociones básicas de costura (y cuando digo básicas quiero decir eso) algunas de las uniones resultaron complicadas. Pero lo hice.

Un poquito de relleno y…ya está.

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La verdad es que cuando lo vi terminado fue una sensación difícil de explicar. Ella se esperaba que le regalara cualquier cosa (yo creo que ya más cestas no quiere) pero esto, no. Y así fue, una sorpresa grande.

Ahora llega mi amiga Carmen (la de las kokeshi, la misma) y como a ella todo le gusta se le antoja una para regalársela a su hermana Inma, que de chica dibujaba un gato que a ella le hacía gracia. Como no guardaba ningún dibujo de pequeña, le pidió a Inma que le dibujara un gato. No sé qué pensaría Inma cuando Carmen le pidió que le dibujara un gato. Pero tampoco se extrañaría mucho…

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Yo, encantado. Un nuevo reto. Pero el problema era que el diseño del gato era complicado para transformarlo en muñeco. ¿Qué podía hacer? ¡Ya lo sé! Lo haría en un cojín.

Yo lo hice casi todo, porque al final quería que el cojín tuviera algún adorno alrededor y eso de fruncir la tira de bordado y luego coserla bien y todo eso ya era demasiado para mí. Sobre todo si quería que aquello quedara bien. Menos mal que tengo a la especialista en cojines: mi madre.

Por eso, así quedó todo.

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El gato está cosido pero relleno por dentro y por eso tiene relieve. A Inma le encantó cuando vio su gato en el cojín. Y Carmen, que lo que más le gusta del mundo es regalar, ni te cuento…

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Y esta es la historia. Lo mejor, la sensación de hacer que la fantasía se vuelva realidad. Y si la fantasía además es de un niño, ¿qué mejor cosa?

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